La educación menstrual es una de las conversaciones más importantes —y más postergadas— en la crianza de una niña.

Muchas madres y padres buscan en Google preguntas como:¿A qué edad debo hablar de la menstruación?
¿Cómo explicarle la regla a mi hija?
¿Qué hago si le llega su primer periodo?
¿No es muy pronto para hablar de estos temas?

La realidad es que no existe una única edad ideal.
Existe, más bien, una forma adecuada de acompañar según la etapa cognitiva y emocional del niño o la niña.

¿Por qué solemos postergar la educación menstrual?

Para responder esta pregunta es necesario reconocer algo importante: tradicionalmente, la educación menstrual ha sido coitocentrista.
Es decir, en la conciencia colectiva se ha asociado la menstruación exclusivamente con la reproducción y las relaciones sexuales. Bajo esta mirada, hablar de menstruación parecería implicar automáticamente hablar de sexualidad adulta. Este enfoque genera temor en muchas familias. Temen “adelantar temas”, “romper la inocencia” o abordar contenidos que consideran demasiado complejos para ciertas edades y están en lo correcto.

La menstruación no es únicamente un fenómeno reproductivo. Es un proceso biológico, emocional y cíclico que forma parte del desarrollo humano. La educación menstrual sí puede comenzar desde temprana edad porque brindar educación menstrual temprana no significa hablar de todo desde el inicio. Significa ofrecer información adecuada a la etapa de desarrollo de cada niño o niña. Al igual que en cualquier otra materia, se enseña:

Paso a paso.
Con lenguaje apropiado.
Según su capacidad de comprensión.

¿Qué propone La Nueva Educación Menstrual©?

La Nueva Educación Menstrual© es un enfoque integral que comprende el ciclo menstrual en su totalidad.
Esto implica reconocer que:

1️⃣ No es solo un proceso físico, sino también emocional.
Las hormonas influyen en la sensibilidad, la creatividad y el estado de ánimo.
2️⃣ Su utilidad no se limita a la reproducción.
El ciclo menstrual también puede entenderse como un proceso creativo y de autorregulación emocional.
3️⃣ Aunque lo experimentan físicamente las mujeres, su impacto es social y familiar.

Además, las dinámicas emocionales del ciclo influyen en la convivencia, la comunicación y el entorno.
Por eso, la educación menstrual no es un asunto exclusivo de niñas.
También involucra a los niños, quienes conviven con madres, hermanas, maestras y compañeras.

Entonces… ¿cuándo empezar? La clave está en reconocer las etapas cognitivas de la infancia pues cada edad tiene una capacidad distinta de comprensión.

🌱 En la primera infancia (3–6 años)
En esta etapa NO se habla de reproducción.
Se introducen conceptos básicos como: las partes del cuerpo, la diferencia entre niños y niñas, que el cuerpo cambia cuando crecemos, ciclicidad en la Naturaleza. Que algunas mujeres sangran cada mes y eso es natural. El objetivo es normalizar, sin tabú, sin carga emocional negativa.

🌼 En la niñez media y preadolescencia (7–11 años)
En esta etapa ya es recomendable que la niña sepa qué es el periodo antes de que ocurra. Aquí puede profundizarse un poco más:
Que la menstruación es parte de un ciclo físico y emocional de las mujeres. Que este ciclo incluye fases físicas y emocionales derivadas de los distintos flujos hormonales. Que la emocionalidad es parte fundamental de su creatividad. Que la inteligencia emocional en su vida dependerá del conocimiento de dichas fases emocionales. También es necesario compartirle los distintos productos de gestión menstrual y cómo se usan. Signos que anuncian la llegada de la primera menstruación para que estén preparadas con su carterita de seguridad para evitar accidentes: toallas femeninas, toallitas húmedas, cambio de ropa interior. El libro Lunita y el Cántaro de Oro Rojo es ideal para esta etapa.

En resumen no se trata de “dar toda la información de golpe”, sino de acompañar el proceso de maduración.
Como en cualquier aprendizaje: primero se presentan conceptos simples, luego se profundiza y más adelante se integra la dimensión biológica y reproductiva. La clave está en la gradualidad.

Cuando dejamos de asociar automáticamente la menstruación con sexualidad adulta, podemos abrir espacios educativos más saludables.
La educación menstrual es un proceso.
Y como todo proceso educativo, se construye poco a poco, paso a paso.

 

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